Artesanía y ciencia: el perfecto equilibrio en cosmética natural elaborada a mano
Alguien que trabaja con sus manos y con su nariz sabe en qué momento una emulsión está “contenta”. Su superficie brilla, no huele a cera cruda y, al extenderla, la piel la toma sin dejar indicio. Pero esa intuición, pulida con horas de taller, solo es la mitad del trabajo. La otra mitad vive en la balanza de precisión, en el pHímetro que pita a cinco,4, en el protocolo de limpieza que empieza con agua caliente y termina con alcohol al setenta por ciento . Ahí se encuentra e
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Alguien que trabaja con sus manos y con su nariz sabe en qué momento una emulsión está “contenta”. Su superficie brilla, no huele a cera cruda y, al extenderla, la piel la toma sin dejar indicio. Pero esa intuición, pulida con horas de taller, solo es la mitad del trabajo. La otra mitad vive en la balanza de precisión, en el pHímetro que pita a cinco,4, en el protocolo de limpieza que empieza con agua caliente y termina con alcohol al setenta por ciento . Ahí se encuentra e
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